Gracias, Padre bueno, por mis ojos.

Quisiera que estuvieran siempre dispuestos

para abrir mi corazón, para mirarte a ti.

Dales tu luz, Padre bueno,

para que sean unos ojos limpios

que miren sin mentira ni rencor.

Que sepa abrirlos

y ver con el corazón al 100%,

para ver la realidad como tú la ves,

para reconocer tu presencia en todas las cosas,

para ver la necesidad de tantas personas.

 

Gracias, Padre bueno,

porque Jesús cura mis cegueras.

Gracias, Padre bueno,

porque tú me amas al 100%. Amén.